Meterse en el proceso de rehabilitación es como meterse en un capullo para cambiar de cuerpo -metamorfosis-. Si la lesión era el resultado de una operación fallida, de una equivocación, la rehabilitación es la goma que borra el error. Pero durante este tiempo la goma ha borrado el error del papel del cuerpo y no de la cera en la que imprime el aprendizaje la conciencia.

Las palabras de consuelo fueron estas:

“Luego de la lesión se ha obtenido un cuerpo distinto, el cuerpo que se tiene ahora no es ya el anterior, y los dolores que surgen son más una cuestión de intelecto que una cuestión de cuerpo.

El cuerpo que se tiene ahora es nuevo, y debe tratársele como tal. La conciencia está acostumbrada a pedir cosas a un cuerpo que ya no está, (hace pensar en lo efímero, y en la conciencia tratando de aprehenderlo, y en la conciencia tratando de prolongarlo…), pero el cuerpo nuevo tiene necesidades nuevas, requerimientos nuevos, posibilidades nuevas. El dolor surge cuando la conciencia le pide al cuerpo nuevo lo que le pedía al cuerpo que-ya-no-está.

El dolor cesará cuando la conciencia esté acorde con las características y cualidades del cuerpo que-ahora-está.”

¿Fin de la preocupación? No

Pero sí un fin a la cuestión sin responder.

Temo a la responsabilidad que viene. La temo porque la lesión fue hecha día a día. Siento que debo sumar a esa responsabilidad la responsabilidad del cambio de conciencia en el tiempo necesario, que quisiera hacer más corto. Temo a la responsabilidad de respetar los tiempos de conciencia adecuados a los tiempos del cuerpo nuevo. Y lo que temo no es al tiempo, sé que tarde o temprano llegará, lo que temo es al enfrentamiento de la conciencia ante un ejercicio a través del cuerpo.

Pero es así: la lesión se hizo de a poco, y con tiempo. La recuperación consciente será de a poco y con tiempo. Es necesario enfrentar cada ejercicio, y de a uno por uno se cumplirá el tiempo. Enfrenté mal cada ejercicio y llegó el tiempo en que se hizo mucho más que evidente el error.

El consuelo es que mi cuerpo es nuevo, es como un renacer y es como despertar a una nueva conciencia.

Debo más responsabilidad, lo que me regalará más libertad.

Con la rehabilitación he despertado zonas dormidas del cuerpo y de la conciencia, hecho nuevas sinapsis. Ahora tengo más herramientas.

Me falta fuerza y eso me desespera, pero me falta fuerza porque las fibras musculares no están del todo construidas, aunque en mi mapa corporal lo estén. Tengo la oportunidad de reconstruirlas conforme construyo un mapa corporal que me sirva mejor técnicamente, y de ahí a otros aspectos, tantos como pueda o quiera yo explorar.

La verdad sí es como otros dicen: no es deseable tener lesiones, pero si se tienen pueden constituir una gran oportunidad. Qué bueno que no se trate sólo de hacer borrones en un papel y escribir de nuevo, qué bueno que haya un retraso temporal en la corrección del error en la relación mente-cuerpo, y qué bueno que sean sensores corporales de todo tipo los que avisen de la calibración. Esto permite “corregir” el error a fondo, y reflexionar… (digo “corregir” porque podría mirarse como una elección: ¿cuál es el mundo en el que quiero vivir?)

Estos mecanismos están presentes en el día a día. No sólo en la ejecución de una clase, de una coreografía, o de una exploración. Están presentes en la manera en que enfrentamos/aprehendemos con el cuerpo al mundo, y sucede que el mundo también cambia todos los días. Y quizá nuestra conciencia se dirija entonces a un mundo que ya no está, si la dejamos dormida y tranquila.

Cuando sufro las muertes de los cercanos pienso en los tremendos cambios por los que pasa el mundo. Pienso en que si siento tal ausencia cuando alguien se va… En cómo es eso posible, cómo alguien que está de pronto ya no está. Me imagino saliendo de mi casa, acostumbrada a ver la casa de enfrente, o el nuevo puente en construcción; el que las cosas estén o no estén normalmente toma tiempo, pero a veces, como con las muertes, no. Pienso en lo que sucedería si al salir por la mañana ya no viera la casa del vecino, y no viera más que un terreno valdío sin un sólo rastro de la casa que hubo.

Que las lesiones tomen tiempo es una bendición. Tengo un cuerpo nuevo, he perdido un cuerpo y estoy de luto. Pero me gusta la idea de tener la conciencia suficiente ante la sensibilidad como para celebrar el nacimiento, el cambio, la vida ante la muerte. Sólo desde estos lugares puedo hacer un recuento de lo que se fue, de lo que ya no está.

Quizá lo ideal sea hacer un recuento del cuerpo ante el cual estoy de luto mediante la construcción de un nuevo mapa, un mapa del cuerpo que acaba de nacer. Y celebrar las cualidades del cuerpo viejo al tomar con responsabilidad (que quisiera llamar un cuidado cariñoso) el desarrollo del cuerpo nuevo.

Doy gracias por todas las palabras de apoyo que he recibido.

Gracias.

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